De vez en cuando, aparece una cosa como ésta en mi Timeline de FacebookImagen

Que normalmente desemboca en dos tendencias:

  • “Pues muy bien, yo además les mandaría un misil Scud”
  • “Sois unos hijos de Satanás y no sabéis lo duro que es este trabajo”

Recojo alguno de los testimonios anónimos , con algunas variantes interesantes:

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Curiosamente, no suele hablarse de lo que yo creo que el el quid de la cuestión: Cómo se mira a otro lado por parte de las compañías grandes que ceden la presión comercial a las subcontratas que ejecutan.

Creo que he mencionado en alguna ocasión una de mis lecturas hay una enorme contribución a las cagadas empresariales vienen de una serie de incentivos perversos generalizados. Rescato este párrafo de otro post (a là Bernard Shaw)

Hay varios libros que se pusieron de moda a raíz de Freakonomics que son los libros que yo vengo a llamar “Antología del incentivo perverso”. Incluye uno que me estoy leyendo ahora mismo “Why do popcorn costs so much in the movies?” que estoy seguro que le encataría a Gonzalo. La idea subyacente de todos estos libros es que los comportamientos gilipollescos se perpetúan porque están fuertemente incentivados por algún tipo de mecanismo absurdo de incentivación que no se ha sabido o querido desactivar.

Pues aquí tenemos otro ejemplo palmario. ¿De quíen es la culpa? De ENDESA, Telefónica, y todas las demás compañías que permiten asaltos turiferarios a clientes y miran a otro lado cuando los incentivos están colocados en conseguir ventas sea como sea.Si hay algún problema de acoso, ilegalidad… Los responsables legales son las subcontratas. Claro, el daño a la marca y al canal es gratis. Como casi siempre.

Los defensores de los agentes comerciales postulan que tienen ofertas interesantes y que harían ahorrar dinero a los clientes.

¿Cual es el problema entonces?

El de siempre: Lo que quiero, cuando quiero, donde quiero, por el canal que quiero. Publicidad Singular.

Lo demás es incentivar la caza del pato, con los patos cada vez con antimisiles más gordos y los cazadores incurriendo cada vez más en la ilegalidad más manifiesta.

 

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